Padres treintañeros

Un texto que me ha conmovido con el cual me siento super super identificada…..

Queridos padres treintañeros:

Os veo en el supermercado, os veo en el parque. Os veo dejar a los niños en el colegio, os veo en el metro y en los restaurantes. A veces también me veis e intercambiamos sonrisas fugaces, nos ponemos los ojos en blanco y compartimos un momento de entendimiento.

Pero normalmente no me veis porque estáis ocupados persiguiendo a vuestro hijo por los pasillos del súper, vigilando que no suba muy alto en los columpios, regañándole por haber pellizcado a su hermano, buscando una toallita en el bolso o limpiando el contenido del vaso que se acaba de caer.

Hace unos días estaba en una piscina pública; y si hay una metáfora de lo que es la vida para una madre treintañera, tiene que ser una piscina pública. Ahí estamos: somos los estereotipos que juramos que nunca seríamos, con el agua por las rodillas en la piscina de los niños, los ojos fijos en nuestros pequeños y maravillados con sus payasadas.

Aunque es posible que hayamos ido en pareja o en grupo, nuestras conversaciones van por fascículos, no podemos relajarnos ni un momento. Nuestra concentración está con nuestros hijos. Estamos cansados. Estamos distraídos. Nuestro cuerpo enfundado en un bañador está marcado por las heridas de guerra y ya no es lo que solía ser.

No muy lejos están los exultantes veinteañeros. Hablando con sus amigos, hojeando revistas, mirando Facebook y haciéndose selfies con el móvil. Están descansados. Están tonificados. Son completamente ajenos a lo que se les avecina en el futuro. Ni siquiera nos ven. Y, si lo hacen, se prometen a sí mismos que nunca serán como nosotras.

No pasa nada. Todos hemos pasado por ahí y sabemos de qué va la cosa demasiado bien como para ofendernos.

Está claro, lo que ha pasado es que los treintañeros hemos dejado de pensar en nosotros. Pues no. Es que nosotros mismos no somos lo más importante. Tenemos niños pequeños y durante una temporada no somos la prioridad. Dormiremos (o no) según los horarios de nuestros niños y/o nuestros recién nacidos y/o la combinación de ambos. No nos lavaremos el pelo con la frecuencia con la que nos gustaría.

¿Abdominales? ¿Qué abdominales? No pararemos de limpiar narices, culos y suciedad de las paredes. Nos pasaremos el día cocinando, desde el desayuno hasta la hora de la cena, y no nos levantaremos de la mesa hasta que todo el mundo se haya comido, como mínimo, una cucharada de guisantes. Pasaremos horas arrodillados al lado del váter y leyendo “el último” cuento al borde de la cama.

Seremos bilingües en el idioma de La patrulla canina, La princesa Sofía y Peppa Pigy utilizaremos a estos personajes en amenazas y sobornos o como canguros digitales que cuiden de los niños mientras nos damos una ducha. Nos veremos negociando con terroristas, aunque juramos que nunca lo haríamos. Haremos caso cuando oigamos “cógeme”, “más” o “no quiero” y diremos la frase “¿cuál es la palabra mágica?” más veces al día de lo que creíamos posible.

Así es nuestra vida. Y la verdad es que no es fácil.

Pero hay otra cosa cierta: más allá de los veinteañeros, al otro lado de la piscina, están los que ya pasan de los cuarenta. Están perfectamente descansados. Perfectamente tonificados. Están solos, leyendo un libro tranquilamente. Nos miran con una mezcla de empatía y petulancia. Han estado en nuestro lugar y han pasado por lo mismo y saben que no dura eternamente. Padres treintañeros, los cuarenta son el santo grial. Se acercan los cuarenta.

La década en la que podemos recuperarnos a nosotros mismos.

No es que desee que esta etapa no hubiera sucedido nunca. Aunque hasta ahora los treinta y tantos han pasado como un borrón, también tienen algo de mágico. No volveré a sentir un moflete blandito en el pecho por la noche. Ni a ver cómo me buscan unos bracitos después de una caída. Ni a oler el característico olor a bebé, ni a conjuntar un par de vaqueros con unas deportivas minúsculas. Ni a empujar un carrito, ni a leer cuentos en la cama con un niño en cada brazo. Ni a oír “quiero con mamá” o “¿me ayudas?”.

Sí, se acercan los cuarenta, y van a ser una gozada. Pero no dejéis que lleguen demasiado rápido. Si voy a dejar de pensar en mí durante una década, la maternidad es una buena razón para hacerlo.

Con cariño,

Catherine

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4 respuestas a “Padres treintañeros”

  1. Gracias amor!! Me has dado una alegría !! Un besazooo enorme!!Sois geniales :))

  2. Hola Ana,

    A mí me encanta que además de moda hables de otros temas como tu nueva casa, decoración, tu family etc… lo haces genial!!

    Un besazooo y mucho ánimo preciosa!!

  3. Buenos días Sofia, estoy mezclando mucho, sigo poniendo looks pero estos días ha empezado la guarde Jaime y hay muchas mamis también o que lo van a ser y cuento un poco lifestyle, no hablo solo de moda, pero si que saco siempre mis looks y digo de donde es cada cosa, pero tendré en cuenta tu comentario, te lo agradezco, hablare mas de moda 🙂
    Quiero variar mucho!! un besote!!

  4. Cuando vas a hacer posts de moda de verdad? Creía que esto era un blog de moda y por eso te seguía, porque me gusta tu estilo y me parecías diferente. Últimamente hay cero moda. Todos los post y vídeos son de tu vida y tu hijo. Que me parece fenomenal pero tienes que entender que un bebé chapando un hielo o ese tipo de cosas es genial y súper gracioso, pero lo es para sus padres, no para seguidoras que buscan tendencias en moda. Para mí es graciosa mi hija pero es eso, para mí. No se, creo que has perdido ese toque de diferente por lo que me gustabas. Es solo una opinión. Besos

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